Confieso que a veces tengo ganas de llamarte, pero no sabría qué decirte. Pienso que mis palabras sonarían vacías, incluso burdas, y que al final serían insuficientes para expresarte lo que siento.
Así, ante mi cobardía, prefiero quedarme sola, con un espacio a mi lado, siempre aguardando por ti. Esperando que un día, cualquiera, puedas descifrar mi silencio y entonces regreses a mí.
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